15 de julio de 2011


Para qué... la mejor pregunta

I

Desde hace un par de meses me uní a un grupo de corredores principiantes, con el ánimo de tener alguna actividad física que compensara la cantidad de horas de sedentarismo propia del mundo laboral y que me ayudara a restablecer cierto orden en las rutinas de alimentación y sueño.

Las citas son los martes, jueves y eventualmente los sábados. Los días de semana, los encuentros ocurren alrededor de las 07:00 PM y las rutas varían de acuerdo con el entrenamiento que toca hacer, pero siempre dentro de la ciudad.

Todo este preámbulo es para contar que ayer en la noche estábamos un grupo trotando por una zona poco transitada por carros, cuando de pronto pasó un carro a poca velocidad (estaba cerca un semáforo) y por una de las ventanas se asomó una niña de aproximadamente 6 -7 años.

La niña nos vio y nos gritó: "¿Qué están haciendo?". Alguien le respondió lo que parecía obvio: "¡Estamos corriendo!". La nena no estaba satisfecha con la respuesta y soltó otra pregunta: "¿Y para qué?".

Esta vez la respuesta no fue obvia ni inmediata. Alguien le dijo como para salir del paso: "¡Para hacer ejercicios!"... pero ya el carro estaba suficientemente lejos como para que la niña hubiese escuchado.

Acto seguido pensé: "Para qué. ¡Esa es una excelente pregunta!". En este caso específico, "¿para qué estamos corriendo?". O mejor dicho, "¿para qué estoy corriendo?" (asumiendo mi cuota de introspección necesaria).

Para mi sorpresa, no tuve una respuesta clara y sencilla a esa pregunta. A veces lo hago por simples ganas de correr, a veces para encontrarme con algunos conocidos, a veces porque pienso que me ayudará a tener una vida más saludable, y un largo etcétera.

O al menos eso creí hasta ayer. La razón real, la de fondo, estaba enmascarada entre las ya mencionadas.

II

¿Cuántas veces en la vida cotidiana y en el trabajo ocurren cosas similares? ¿Cuántas veces nos vemos atrapados en actividades, procesos, tareas, responsabilidades sin tener claro para qué las estamos haciendo?

Específicamente hablando de las marcas: ¿cuántas veces hemos visto que las marcas que manejamos se embarcan en actividades sin saber muy bien para qué? Solo porque alguien con más experiencia o rango pida algo no significa que deba hacerse sin preguntar. Preguntar es saludable. Bien cultivada, la curiosidad es una actitud valiosa y poderosa. Y la mejor curiosidad es la que tiene la frescura de la inocencia casi infantil.

Una simple pregunta de una niña me llevó a algunas reflexiones:
  • Lo que es obvio para mi, no necesariamente lo es para otros. Y viceversa.
  • Las decisiones suelen tener una fuerte carga emocional y motivos inconscientes/ poco visibles.
  • Lo que se decidió una vez puede (y debe) revisarse. La flexibilidad en la toma de decisiones es importante. No siempre las razones iniciales se mantienen intactas en el tiempo.
  • La experiencia debe servir para transitar nuevos caminos, nuevas formas, con los aprendizajes de los caminos ya transitados y de los errores ya cometidos.
De vez en cuando vale la pena preguntarse el para qué de tantas cosas. Probablemente nos llevemos sorpresas. Lo mismo vale para la vida personal como para los aspectos referidos al trabajo con las marcas.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Pensamientos para el espacio