13 de marzo de 2011


En medio de las tragedias

El mundo es cada vez más pequeño. Pero también a veces es más doloroso. Toda la inmensa libertad que tenemos para llegar a lugares recónditos con apenas un teclado, una pantalla y una conexión a internet, de pronto se topa con sentimientos de inmensa vulnerabilidad e impotencia cuando las tragedias llegan y estás lejos.

O al menos eso me ha ocurrido cada vez que una tragedia llega.

En el transcurso de mi vida han ocurrido en el planeta muchos momentos dolorosos: el terremoto de México; la explosión del Challenger; el Volcán Nevado del Ruiz; la explosión en Tacoa (Venezuela); el ataque a las Torres Gemelas en New York; los genocidios en Ruanda y en Serbia; el terremoto en Cumaná (Venezuela); la tragedia de Vargas (Venezuela); el volcán Tungurahua; el terremoto del Perú; el tsunami en Indonesia y el Pacífico; el terremoto de Haití y Chile; las inundaciones en Venezuela; Pakistán; Bolivia; Brasil; Australia... y eso por no hablar de los eventos políticos y sociales que pueden ser igualmente impactantes.

La realidad es que cada evento de este tipo tiene un efecto sobre cada uno de nosotros, estemos o no involucrados directamente, estemos o no afectados directamente.

Los adelantos en tecnologías de información y comunicación nos han permitido vivir los grandes eventos en vivo. Nada más lo que va de año 2011 hemos vivido -a nivel global- cuatro grandes eventos: la rebelión y posterior caída del gobierno en Túnez, la rebelión y posterior caída del gobierno en Egipto, la rebelión y actual guerra en Libia y el terremoto/ tsunami ocurrido hace apenas dos días en Japón.

En algunos casos, hemos visto o leído por internet cómo masacran a otros seres humanos o cómo se levantan en medio de las peores condiciones.

Insisto con una metáfora que nos puede ayudar a entender el contexto actual: vivimos en un mundo que es como si fuese un edificio hecho de vidrio transparente, donde los apartamentos tienen paredes/ techos de vidrio, donde todos podemos ver lo que ocurre en cada apartamento y los que viven en cada apartamento pueden ver lo que ocurre fuera de ellos... pero nadie (casi nadie) puede entrar e intervenir nada más que en su espacio restringido.

Todo esto nos afecta como seres humanos. Por eso, para los que trabajamos en el arte/ ciencia de entender a las personas, es imprescindible situarnos primero en ese contexto, sintonizarnos con los eventos que ocurren globalmente y comprender cómo eso que ocurre en otro lado del planeta puede cambiar comportamientos/ pensamientos/ actitudes.

Hoy, mis palabras de solidaridad con los afectados por el terremoto de Japón, y mi invitación a reflexionar sobre cómo estos eventos nos afectan aún estando lejos.

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